Kraus, el tenor y también el hombre

Miércoles 3 de diciembre, 20:00 horas. Fundación Gustavo Bueno, Oviedo: mesa redonda sobre "Kraus, el hombre".
La Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus (ALAAK) que preside Carlos González Abeledo, dentro de los actos recordando los 15 años del fallecimiento de Kraus "El Tenor", organizó una mesa redonda centrada en Alfredo Kraus Trujillo (Las Palmas de Gran Canaria, 24 de noviembre de 1927 - Madrid, 10 de septiembre de 1999), el hombre, aunque después de emocionarnos durante hora y media escuchando relatos cercanos, íntimos y desconocidos para casi todos, sólo podría concluir diciendo que cuanto más conozco al hombre más admiro al cantante, figura que es ya leyenda, pues el paso del tiempo acaba dándonos a todos una perspectiva y objetividad únicas. Normalmente celebramos el recuerdo de su cumpleaños en noviembre, pero como se dijo, las fechas redondas también marcan, y quince años son una de ellas.
En la mesa moderada por el alma mater de la ALAAK, estuvieron Rosa Kraus, hija del siempre recordado maestro, Alfredo Matallana, médico urólogo que lo acompañó durante su enfermedad coordinando un equipo de especialistas, el catedrático de Filosofía retirado de la Universidad de Oviedo Vidal Peña, y el empresario asturiano César Fernández, que entabló amistad con el tenor cuando trabajaba de botones el Hotel Principado donde Kraus se hospedaba cuando cantaba en el Teatro Campoamor y que mantuvo una relación cercana en el tiempo pese a los avatares de la vida de ambos.
Conocer en la distancia corta a un hombre entrañable como Alfredo, descubre y derrumba leyendas falsas, malintencionadas algunas veces pero que contadas por su hija primero, o de su tocayo en las vacaciones en Lanzarote que retomaría ya como médico en la capital de España, nada menos que en Hospital "Puerta de Hierro", donde además realizó el seguimiento de sus últimos días, nos trajo al hombre que era siempre un señor, educación, elegancia, rigor, honestidad, timidez y en busca de la perfección y la excelencia, algo extensivo también a su vida.
Las charlas en Oviedo con un chaval de 17 años recién terminado el bachillerato y trabajando antes de comenzar los estudios de Perito Industrial en Gijón tras coincidir en la puerta del hotel, en plenas fiestas de San Mateo (cuando la ópera ocupaba doce días para seis funciones) llamados por el cántico de unas jotas aragonesas delante del edificio de la calle San Francisco sin saber quién era aquel hombre que le acabó invitando a un ensayo en el teatro de al lado, y le hizo, nos hizo descubrir la grandeza del personaje desde la calidez humana del hombre, compartiendo fabada con los padres de César, ese hombre cuya profesión de cantante de ópera le hacía parar poco en su casa y disfrutar de la familia, algo que pudimos conocer era su mayor anhelo...
Por supuesto que "El Tenor" también surgió durante la charla, lógico al ser dos caras de la misma moneda, inseparable también en casa donde preparaba a conciencia cada título, pidiendo no ser molestado, sus ejercicios de gimnasia diaria para mantener esa forma y porte durante toda su vida, algunas anécdotas de Vidal Peña y el propio Abeledo, sus papeles trabajados al 100% porque así era de exigente el canario universal, y también su compañerismo a todos los que le pedían consejo al Maestro, así con letras grandes, lo bien que hablaban las grandes divas con las que compartió escenarios y éxitos, más el apoyo siempre fiel de Rosa, su compañera desde los 14 años cuya pérdida comenzó a minar la salud de hierro de Alfredo.
Un nudo en la garganta la narración de su tocayo amigo y médico que en unos días de mejora del maestro se escapó al Lanzarote que les había unido y cerrando círculo separado al no poder volver para la despedida final. Pero sobre todo la grandeza del hombre sabedor de su última función, padre y hermano con planes de futuro en la docencia y la familia, un mundo difícil de conjugar y conciliar cuando se era una leyenda viva.
Ahora Don Alfredo es Historia de la Lírica, ejemplo a seguir con las nuevas generaciones que entienden este modelo nunca pasado de moda, porque el trabajo en pos de la excelencia no tiene recompensa a corto plazo en una sociedad donde las prisas son malas consejeras, más aún en el difícil y arduo mundo lírico. Parece que fue ayer y llevamos quince años sin el hombre, aunque el recuerdo, las grabaciones (no tantas como quisiéramos), y su ejemplo como cantante, siguen vivos.
Como remate alegre, puedo culpar al maestro universal de no haberme acercado lo suficiente a Wagner. Zarzuela, folklore canario, la Tuna, y sobre todo sus personajes operísticos con los que casi aprendí italiano antes que música, compartiendo pasión lírica no siempre bien entendida. Kraus nos sigue uniendo a muchos, y este jueves el duodécimo concierto homenaje de la ALAAK en el Teatro Filarmónica seguirá rindiendo homenaje, exigente como el propio Maestro, donde Wagner sólo estará pero en el apellido de Virginia Wagner, soprano, el tenor Francisco "Pancho" Corujo y el pianista Juan Francisco Parra, línea de unión krausiana en esta cita imprescindible del otoño ovetense, con fragmentos operísticos de Gounod, Massenet, Verdi y Cilea en la primera parte, y de piezas de zarzuela: Soutullo y Vert, Sorozábal, Giménez y Penella, en la segunda, ese repertorio que Alfredo Kraus bordó y legó. Lo contaremos también desde aquí.
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